
Cuando digo que la maternidad cambió todo mi mundo no es una simple frase hecha. Tener a Blanca entre mis brazos por primera vez cambió mis prioridades y mi escala de valores, y también ella, al ir creciendo, me va enseñando un camino distinto al que nunca hubiese imaginado. Vamos creciendo las dos y me va mostrando otros matices de mí misma hasta ahora desconocidos, que me hacen cuestionar las cosas que antes eran evidentes.
Tenemos muy claro que no queremos educar a nuestra hija con violencia ni verbal ni física. Sabemos que no queremos usar condicionamiento con ella para conseguir que no nos moleste si se despierta por la noche, que ingiera más cantidad de comida o que se someta sin cuestionar nada. Pero hasta anoche
nunca me habría cuestionado si sería posible educar sin refuerzos.
Todo empezó por casualidad, cuando en
Bebés y Más leí la entrevista que le hacían a la psicóloga
Teresa García, de la web
Sin Castigos. En dicha entrevista explica con bastante claridad que para que realmente pueda funcionar la educación con premios y castigos, absolutamente todo el entorno debe, de forma consensuada, premiar y/o castigar los mismos comportamientos. Como esto es imposible, porque los hijos no sólo están con sus padres, este tipo de educación no funciona.
A partir de esta entrevista he estado leyendo en otras webs sobre este tema (
Foro de Dormir sin llorar,
Crianza natural) y de momento sólo he conseguido aumentar más mis dudas.
He leído cosas que me han gustado bastante, todas muy razonables y sobre todo muy sensatas, pero aunque nos propusiéramos educar de otra forma a nuestra hija
¿No tendríamos también un entorno que seguiría premiando/castigando? ¿Lograríamos hacer las cosas tan radicamente diferentes a como las hicieron con nosotros? Creo que la educación recibida es una parte importante de cómo somos y que es difícil eliminar ese bagaje.
¿No es inevitable e inherente al ser humano que nos produzca satisfacción o enfado algún comportamiento y se refleje en nuestra cara? Cuando nuestros hijos dicen por primera vez una palabra, gatean, caminan...sonreímos, reconocemos el mérito, premiamos de alguna forma.
Para poder aclarar mis ideas voy a contar con dos bazas importantes:
- El libro
"Aprender a educar sin gritos, amenazas ni castigos", de Naomi Aldort. Me lo compraré en cuanto pueda.
-
Mi madre (maestra, psicóloga y pedagoga), para debatir (espero, no discutir) sobre todo lo que haya leído.
Preveo unas semanas agotadoras. Ya os contaré los logros alcanzados y las conclusiones de mi nuevo aprendizaje. ¡Voy a disfrutar muchísimo porque me parece un tema muy interesante! Pero sobre todo, al final, podré hacer las cosas de la mejor manera posible con nuestra hija, que es lo único importante :D